“Este año sí”...
¿Te suena familiar esta frase?
Enero llega disfrazado de buenas intenciones. De agendas nuevas, metas ambiciosas y decisiones que prometen cambio.
El primer lunes hábil del año, cuando se terminan las vacaciones o la balanza nos recuerda algunos excesos del mes anterior(o de todo el año), empieza la carrera.
- Arrancan las dietas
- Los gimnasios se llenan
- Las agendas se aprietan
Es una semana llena de personas motivadas, decididas con y planes claros. Sin darnos cuenta, ahí comienza el autosabotaje más
elegante... ¿sabes por qué?.
Porque el cambio se parece más a exigencia con algo de culpa que a consciencia.
Si lo notas, todo empieza con dietas estrictas para quienes subieron de peso, horarios imposibles y metas radicales para quienes lideran empresas, esto porque queremos hacer en enero todo lo que no hicimos el año anterior.
Un mes después, el entusiasmo disminuye y aparece el cansancio junto con una vieja y conocida creencia:
- “No soy constante”
- “No estoy preparado”
- “Algo me falta”.
¿Realmente nos falta disciplina…
o nos sobra exigencia?
Porque este tipo de inicio no es transformación.
Es compensación.
El autosabotaje que se ve bien por fuera, se disfraza de compromiso y la gente lo aplaude, lo celebra, piensa que así debe ser porque hacen lo mismo.
Pero en el fondo es una forma sutil de no mirar la realidad.
📍Revisa la siguiente analogía
Intentar empezar el año así es como abrir el GPS, escribir el destino y arrancar sin activar la ubicación.
El sistema puede mostrar rutas, atajos y tiempos estimados, pero si no sabe desde dónde estás partiendo, no puede llevarte a ningún lugar.
Y eso es exactamente lo que hacemos en enero de cada año:
pensamos obsesivamente en el destino y evitamos activar la ubicación.
- No revisamos nuestro nivel de energía
- No miramos el estado real de los procesos.
- No aceptamos el punto exacto desde el que estamos liderando.
Esto aplica para personas, líderes y empresas.
Queremos hacerlo todo desde lo que “funciona para todos”, haciendo uso de modelos universales y fórmulas rápidas.
Y la pregunta vuelve:
¿Cuánto tiempo se sostiene un cambio que no parte de la realidad?
Por experiencia, sabemos que muy poco.
Los procesos no se fuerzan, se sostienen
Cuando entramos en modo “enero”:
- queremos resultados rápidos
- respuestas inmediatas
- cambios visibles ya
Y sin darnos cuenta, caemos en el mismo patrón: más control, más carga, más agotamiento.
Lo que no se enciende con consciencia,
se paga con desgaste.
El verdadero inicio no hace ruido, no se siente como una carrera. Se siente como una pausa.
Muchas veces, una pausa incómoda, honesta y silenciosa.
Una pausa para preguntarte:
- ¿Desde dónde estoy empezando realmente?
- ¿Estoy empujando resultados o construyendo procesos?
- ¿Estoy liderando desde la claridad o desde miedo a repetir el pasado?
Cuando cambias tu forma de estar,
cambia tu forma de responder.
El autosabotaje más elegante es empezar sin mirarte.
Este año no necesita que hagas más.
Necesita que te observes mejor, que actives la ubicación antes de acelerar, que aceptes el punto de partida sin juicio.
Que lideres desde consciencia
y no desde la urgencia.
Si nadie te estuviera mirando…
¿desde dónde elegirías empezar realmente este año?
LO